SummerSlam 2013: El origen del “Yes Movement”

Rumbo a Wrestlemania 30, Daniel Bryan comenzó a ser el máximo underdog.


Hay ciertos luchadores que son del completo agrado del público y por alguna razón no son promovidos por Vince McMahon, como fue el caso de Rusev en 2018 o Cesaro en 2014; Daniel Bryan iba por el mismo camino en 2013.


En ese año, el exrookie de NXT se convirtió en una de las figuras más ovacionadas de la World Wrestling Entertainment (WWE); sin embargo, es bien conocido que en esa época las oportunidades eran monopolizadas por John Cena o los miembros de la autoridad.



Por su baja estatura, su físico y la complexión no musculosa, Bryan Danielson, como se le conocía en Ring of Honor (ROH), estaba condenado a la media cartelera, hasta que la venta de mercancía y las reacciones del público lo convirtieron en un main eventer.


Aún con dudas por parte de los creativos, se le dio un feudo contra la cara de la compañía: el mismísimo John Cena, lo que era su primera gran oportunidad por el WWE Championship y la apuesta más importante para colocarse en lo más alto de la cartelera.



En un resultado satisfactorio pero imprevisto, el niño dorado de Washington le arrebató el título máximo de la empresa al baby face por excelencia. No sólo eso, su victoria fue absolutamente limpia, por lo que parecía que tendríamos a la nueva cara de la empresa.


Algo se sentía raro, pues esos cuentos de hadas pasan pocas veces. Cena le daba la mano al vencedor, se retiraba y parecía que SummerSlam 2013 terminaría con el festejo del nuevo campeón hasta que se escuchó el tema del ganador de Money in the Bank.



En ese momento comenzó a tener sentido la inclusión de Triple H como árbitro especial; el recuerdo de Evolution empezaba a sentirse, pero como Bryan estaba de pie, la víbora daba un paso atrás, reconocía que aún no era el momento y regresaba tras bambalinas.


Ya de espaldas, el asesino cerebral atacó al nuevo campeón con un pedigree, comenzando así con uno de los caminos a Wrestlemania más largos de la historia. Con esa traición, la cual derivó en la victoria de Randy Orton, comenzaba el Movimiento del Sí.



Esto no enterró la carrera de Daniel Bryan, todo lo contrario, la simpatía del universo de WWE se volcó aún más en aquel que sería nombrado por las autoridades como “un jugador B+”; durante los próximos 8 meses se le negaría el título al consentido de la gente.


Luchadores de medio tiempo como Batista estarían en la órbita titular, pero el marginado de la barba seguiría siendo perjudicado en repetidas ocasiones. Mientras esto sucedía, los seguidores sólo levantaban los brazos con el grito unísono de “¡Yes, yes, yes, yes!



SummerSlam sólo fue el inicio de una de las historias más memorables de los últimos años, al grado que cinco años después fue replicada con la llamada Kofimania, aunque no llegó a los niveles de aceptación de la historia de Daniel Bryan.


WWE cada vez apuesta menos por los feudos a largo plazo, pero este es el claro ejemplo de que aún tienen un efecto masivo en los espectadores. Es por eso que la lucha entre Cena y Bryan es uno de nuestros momentos favoritos del evento más grande del verano.





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