NXT Takeover 36: Si es el fin, nos iremos como héroes

¿Será este el último PPV de la marca amarilla como lo conocemos?


Ver a Samoa Joe como campeón de NXT es una semblanza perfecta para lo que fue el Takeover 36, pues de alguna forma nostálgica, recordamos lo que es la marca amarilla. Gracias a ese final, los once años de la marca de Triple H regresaron a la memoria.


En dos minutos volvieron a nuestras mentes las arenas llenas, las atmósferas de literatura fantástica, los gritos de “NXT, NXT, NXT”, los kickouts imposibles, las historias y rivalidades construidas con cariño, las y los caciques de una marca diferente, y sobre todo, la energía.



Es doloroso, e inevitable, pensar que el Takeover del 22 de agosto pudo ser el último en ese formato reconocido por el aficionado de nicho que encontró en la marca negra y dorada una alternativa para los productos millonarios y artificiales del main roster.


NXT es un producto con alma independiente bajo los contratos de WWE, es la quimera perfecta, y parece que está llegando a su fin. Antes de que la hecatombe esté sobre nosotros, los creativos nos regalaron una última noche de gloria, una última probada.



Aún no es un hecho que este sea el fin, pero si lo es, al menos nos iremos con la satisfacción de ver a Ted Dibiase alzando el brazo de Cameron Grimes con el título del millón de dólares, el cual nunca habría podido ser retomado en SmackDown o RAW.


Si este fue el final, al menos podremos decir que vimos una última lucha clásica de Adam Cole, por lo menos sabremos que The Undisputed Era acabó con una rivalidad y no con una decisión ejecutiva. Si esta fue la última lucha del Bay Bay, al menos nos despedimos.



Por ahora no debemos preocuparnos qué pasará con el futuro de Dakota Kai, una luchadora de élite, pues ayer ofreció una exhibición que la ratificó como una de las mujeres más talentosas del mundo. Si esto se acabó, ella no se irá pensando que pudo hacer más.


Si el futuro ya no existe, podremos lamentarnos de que Johnny Gargano y Tomasso Ciampa se quedaron en casa, pero al menos recordamos momentos épicos como el combate entre Tyler Bate y Pete Dunne; el Walter vs Ilja Dragunov nos regresó al pasado.



La caída del general austriaco nos recordó que NXT apostó por el talento europeo como nunca se había hecho, y si había que darle el reflector, que así sea. Los talentos que antes se limitaban al terreno independiente europeo, ahora están en el centro de atención.


NXT no es una empresa más, retomó la esencia de la lucha libre y la volvió algo que todos podemos disfrutar, desde los nuevos hasta los más conocedores. A mí me regresó al mundo del pro wrestling con la guerra entre Adam Cole y Johnny Gargano.



Si este es el fin del NXT cautivador, al menos el final nos recordó por qué nos enamoramos en primer lugar. Por las entradas épicas que en el roster principal a veces ni siquiera son expuestas en televisión, y por esos personajes que después perseguirán el título 24/7.


Si la magia terminó aquí, al menos tendremos un último recuerdo digno; voltearemos la mirada y veremos a Joe regresando a casa por tercera vez, veremos el ring negro y las rejas, recordaremos el rock pesado y las luchas que se sentían personales.


Si este fue el último Takeover, podremos reprochar que no se hizo frente a miles de personas, pero al menos sabremos que lo vimos, fuimos parte de él. Si nuestra historia se acaba aquí, lo último que queda por decir es: Gracias.


Ojalá esta despedida no sea necesaria, ojalá regresemos. Si eso pasa, aquí estaremos.



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