Big E: El campeón que peleó para triunfar y ahora no sabe qué hacer

Tal como sucedió con Kofi Kingston, el nuevo campeón de WWE parece perdido.


Big E Langston debutó en NXT el 1 de agosto de 2012 y tan solo cuatro meses después se convirtió en campeón de la creciente marca amarilla. Un año después, en 2013, debutó como heel en Monday Night RAW, convirtiéndose en un prospecto de Vince McMahon.


Su físico lo colocaba como uno de los powerhouse con mayor futuro de World Wrestling Entertainment (WWE) al grado que podía ser el monster heel de la época; sin embargo, su alianza con Dolph Ziggler y AJ Lee no terminó por afianzarlo.


Ziggler obtuvo el World Heavyweight Championship y parecía que Big E podía consolidarse dentro de un stable de poderío; eso nunca sucedió. Su carrera dio un giro de 180 grados cuando se encontró con Kofi Kingston y Xavier Woods en 2014.

Su solemnidad y físico imponente que lo hacían ver como una bestia quedaron de lado para imponerle una faceta cómica que no podría quitarse aún convirtiéndose en campeón de WWE siete años después de cambiar radicalmente su personalidad.


Los planes de la compañía con Big E, un personaje inmensamente querido entre el público estadounidense, consistían en alejarlo de The New Day para que su reinado sucediera con un personaje más parecido al que tuvo en sus primeros años.


Con lo que no contaba WWE era que la gente que lo coreó demandaba un campeón bufón al que ovacionar como sucedió con Kofi Kingston, olvidando que el reinado después de Kofimania no trascendió y terminó con un squash de 15 segundos.

Como quien tropieza con la misma piedra, WWE hizo campeón al segundo integrante de The New Day sin saber exactamente qué hacer con él. Tuvo una coronación llamativa, efectista y con una ovación extraordinaria. El hijo pródigo llegó a la cima.


¿Cuáles serán los planes de los creativos con un personaje tan interesante? No tener una rivalidad establecida a más de un mes de convertirse en campeón, tener una defensa contra un aspirante que ya tenía la cabeza en otro lugar y en otro monarca.


Big E como campeón no logra quitarse el aura cómica de la facción que lo colocó como uno de los bastiones inamovibles de la media cartelera. Parecería que esa personalidad no será revocada a menos que tome la decisión consciente de volverse heel.

Kevin Owens y Seth Rollins están al acecho de un título que no les debería corresponder en absoluto, pues ambos vienen de rivalidades perdedoras y no tienen un vínculo directo con el actual campeón más que rivalidades añejas que apenas permanecen en la memoria.


El campeón abofetea a quien se acerca a su campeonato, pero no sabe bien por qué. Es la cara de RAW, pero tampoco sabe bien por qué, mucho menos sabe hacia dónde va su reinado. Comienza a dudar hasta cuando llegará o si es un campeón de transición.


Roman Reigns es inamovible en SmackDown y Brock Lesnar es agente libre, al darse cuenta de que su regreso no dirige al título universal, la bestia podría dirigirse a la marca roja y designar el destino de Big E, uno muy parecido al que tuvo su amigo.

Entonces, ¿cuáles son los planes de WWE con Big E? Parece que sólo pensaron en la reacción de la gente cuando bajó el maletín de Money in the Bank y posteriormente lo canjeó. Fuera de eso, el destino del campeón parece ser ganar para marcharse.


El pro-wrestling no sólo es lo que pasa entre la campana inicial y la final, sino las historias que se cuentan. Si Xavier Woods es el rey, no sería una mala idea tomar ese gimmick para enfrentarlo con su amigo y darle matices a un personaje poco definido.


Es difícil prever cuánto tiempo durará el cinturón en la cintura de Big E, pero su físico imponente no será suficiente para mantenerse como un campeón creíble. Le falta una rivalidad interesante y un enfoque. Aún hay tiempo, pero el universo de WWE no es reconocido por su paciencia.



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